La creación de un sistema preventivo social

DEFAULT HUMANISTICO

Un paciente me dijo: “La iglesia donde tomé la comunión hoy está tomada por un grupo de consumidores y distribuidores. Ahí consumí hasta que vine acá”. Son las paradojas de esta cultura.

Mientras gran parte de América del Sur y el Caribe son una fábrica cada vez más fuerte de producción drogas con aumento del poder en los territorios ante Estados que se muestran `fallidos’ para enfrentar estos nuevos `ejércitos de dominación’; mientras la cultura que se va promoviendo es la de la aceptación social del consumo, la naturalización del mismo y el avance sobre franjas poblacionales cada vez más jóvenes asegura una dependencia rápida por la inmadurez de la personalidad y de las estructuras cerebrales, se generan negocios redondos.

Con una gran oferta y un consumo asegurado por la cancelación del discurso preventivo, ya que no es lo políticamente correcto, hay una plusvalía enorme. Hay miles de `zombies’ asegurados. Es una eutanasia social en acción. Es la civilización del `descarte’ que Zygmunt Bauman en sus escritos anunció y que el Papa Francisco incorporó a su discurso.

Ya el maestro italiano en la prevención y asistencia en drogas L. Cancrini decía en un encuentro en México: “En los barrios donde hay mucha droga circulando y hay muchos adolescentes siempre gana la droga”. El dilema de crecer del adolescente, la consolidación de una identidad es muy difícil y más con familias desmembradas o poco sólidas en transmisión de normas, valores y afectos. Ahí aparecen las sustancias, desde el alcohol en adelante, como una huida ante los dilemas a resolver y máxime si esto está naturalizado.

En Uruguay -país en crisis en este tema después de la legalización de la marihuana y del aumento de consumo de todas las drogas, como consecuencia de la naturalización, y con un aumento de la venta narco enorme a pesar de la venta en farmacias- se ha comprobado que el índice de crimen y las violencias criminales en un 90 por ciento tiene que ver con el consumo de drogas y las carencialidades económicas y socioeducativas unidas en este fin.

En este momento progresa en el país vecino un proyecto del Ejecutivo que disponga que el indigente que vive en la calle y que consume inveteradamente sustancias debe y necesita ser internado. En estudios científicos se comprobó que el 90 por ciento de ellos está en esas condiciones y es una fuente de deterioro, muerte y tráfico enorme.

SEÑALES DE ALERTA PRECOZ

La detección precoz, junto a la prevención en las aulas, con los padres o referentes educativos, es una avanzada que contradice al discurso cancelatorio de la naturalización del consumo. En Uruguay un grupo de padres (16 mil) se rebeló ante esto e incluso en sus propios hogares vivieron la enfermedad o la muerte de alguno de sus hijos.

Cuando aparecen las drogas en la pubertad las alteraciones motivacionales del síndrome higiénico, dietético, tóxico (J. Aizpiri- España) cambian los parámetros de la salud en esa etapa de la vida y es importante recordar conceptos que muestran los primeros cambios de la personalidad y las rutinas de salud: cambios en el sueño (alteración de los ritmos circadianos); sedentarismo (reducción del desarrollo músculo esquelético y de la oxigenación cerebral); afectos (pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o sentimientos, provocado por cambios de los umbrales neuronales y de lazos sociales invalidantes con cambio de amistades); descenso del aprendizaje (por efecto tóxico sobre sistemas motivacionales en un cerebro en desarrollo); alimentación `chatarra’ que debilita todos los sistemas orgánicos y psicológicos, aumentan todos los sistemas de envejecimiento celular y del organismo, y agotamiento cerebral, depresión y ansiedad post traumática al consumo de tóxicos.

De seguir esta conducta que lleva a la adicción por la falla de la detección precoz se va configurando una personalidad con rasgos adictivos en donde se convierte el consumo en la única vinculación con la realidad, cambio de amistades, robos en la casa, días enteros fuera del ambiente familiar, etc. Al mismo tiempo hay un descenso del sistema cognitivo tanto en la memoria, en la atención, en la planificación del día, y el sistema de recompensa cerebral (placer) solo centrado en consumir, con desbordes impulsivos seguidos por apatía y falta de motivación.

En el `negocio del descarte’, que asegura una gran plusvalía 8a costa del deterioro de miles, es fundamental una iniciativa cultural perversa para que el púber o adolescente se inicie en el consumo de drogas lo más temprano posible. A mayor inmadurez, mayor voracidad en el consumo en el futuro, y la renta queda asegurada.

El Instituto Nacional de Drogas de los Estados Unidos (NIDA) muestra en sus investigaciones que la mayor dependencia se da cuando el ingreso al consumo se da entre los 12 y los 25 años. Ahí precisamente es cuando las estructuras de la personalidad y las biológicas cerebrales están en desarrollo.

La marihuana es la droga reina y la más publicitada en esta `cultura del descarte’. Los pasos hacia la desestructuración de la personalidad figuran en los manuales de Neurofarmacología y en los de Adicciones: consumo recreacional (sin todavía cambios en la voluntad, pero sí en la dinámica neuronal del cerebro); síndrome amotivacional con alteraciones volitivas y en las neuroimágenes; depresión e intereses exóticos con alucinaciones; síntomas psicóticos que pueden llevar a la esquizofrenia con delirios y/o alucinaciones.

El lóbulo frontal a quien el premio Nobel de Neurología Kohon Goldberg llamó el asiento biológico de la civilización queda alterado y él lo refirió de la siguiente manera: “El lóbulo frontal hace a la civilización y la civilización hace al Lóbulo frontal; su daño genera una anosognosia en donde perdemos la parte central de nuestro ser y él no lo sabe, desaparece sin saberlo, no sufren, no se angustian ni lamentan su pérdida; nos transformamos en perros, ya lo que está fuera de la vista está fuera de la mente”. Además, pierde la capacidad de leerse a sí mismo y de tener empatía con el otro.

Las conductas derivadas de esta disfunción de la personalidad y del sistema nervioso (alteración de la corteza prefrontal) va seguida de una serie de características conductuales estudiadas en centros mundiales de tratamiento en adicciones: pérdida del sentido de responsabilidad social, déficit de concentración y abstracción, pérdida de criterio de la realidad y de la memoria reciente, anhedonia (pérdida del placer) e incluso no puede solucionar algunos problemas aunque sean elementales. De a poco van apareciendo secuelas psiquiátricas y/o consecuencias legales o discapacidades (muchos deben gestionar carnets de discapacidad o de pensión).

SISTEMA DE INMUNOLOGIA PREVENTIVA

Los estudios mundiales muestran que a menor trabajo comunitario en prevención y en la detección precoz con sistemas asistenciales válidos hay mayor consumo y mayor aceptación social del mismo. Esto nos puede estar pasando. Se va generando una naturalización del consumo junto a una minimización del daño que genera el consumo.

Cuando hay mayor trabajo preventivo comunitario crece la menor aceptación social, la consulta precoz, baja la prevalencia del consumo y crece la noción de daño que generan las drogas.

Pensemos que un buen trabajo asistencial, según la Asociación de Medicina de los Estados Unidos, necesita varios años para que la memoria adictiva vaya supliendo el `flash’ que cautiva por otros placeres más sanos. El cambio cerebral lleva dos años desde el primer consumo en consolidarse (químicos, eléctricos, emocionales, funcionales y estructurales, en algunos casos). Los tiempos de resiliencia (superación de estas adversidades) lleva también dos años para llegar a un proceso de neuro-regeneración, ya que las drogas generan un proceso neuro-degenerativo.
 

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones