Jorge había perdido todo control sobre su vida. A los 38 años dependía del alcohol. Comenzó a los 14 años en las fiestas de fin de semana, luego y progresivamente necesitaba consumir diariamente. Su pareja y sus hijos fueron viendo su progresivo deterioro. Dificultades laborales cada vez más crecientes lo fueron también dañando económicamente y poniendo, además, en riesgo sus relaciones familiares. Así empezamos a trabajar con ya señales hepáticas marcadas de lesiones por las diversas intoxicaciones.
Así lo empezé a ver. Hicimos un buen vínculo y me confesó sinceramente que quería salir adelante. Estaba vencido por lo que le pasaba .Hablamos mucho acerca de su enfermedad alcohólica y que ésta implicaba una pérdida de control del consumo conduciéndolo a no poder manejar su vida. Para él beber moderadamente era prácticamente imposible porque tenía una vulnerabilidad especial como la tienen todos los alcohólicos. Le dije “una copa para Ud. es mucho y cien son pocas”. Debía pasar al estado de sobriedad en donde la abstinencia (el no consumo) era fundamental. Pero que la abstinencia era como un boleto de para ver una película…pero no es la película. Para pasar de la abstinencia a la sobriedad era necesario rendirse (la botella lo había dominado) , empezar a replantear su vida ya que su conducta alcohólica tenía que ver con dificultades emocionales, identificar sus problemas ,poder verse e incluso llorar porque eso lo iba a ayudar.
Le dije “lo tenés que hacer solo pero no lo podes hacer solo” ya que la fuerza del grupo y de la comunidad terapéutica de compañeros era fundamental. A su vez el poder de los miembros que estaban mejor lo podían orientar y ser modelos. Poco a poco fue recobrando esperanzas en un futuro y pudo empezar a ver a la cara a sus familiares y especialmente a sus hijos. Fue progresivamente recuperando el control de su vida y todo el proceso de terapia continúa. Está recuperando sus plenos 38 años.
Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.